11.28.2012

La elegancia del erizo

Creo que la lucidez hace amargo el éxito, mientras que la mediocridad alberga siempre alguna esperanza.
Se cree erróneamente que el despertar de la consciencia coincide con el momento del primer nacimiento, quizá porque no sabemos imaginar otro estado vivo que no sea ése. Nos parece que siempre hemos visto y sentido y, seguros de esta creencia, identificamos en la venida al mundo el instante decisivo en que la conciencia nace. Que, durante cinco años, una niña llamada Renée, mecanismo perceptico operativo dotado de vista, oído, olfato, gusto y tacto, hubiera podido vivir en una perfecta inconsciencia de sí misma y del universo desmiente tan apresurada teoría. Pues para que se dé la conciencia, es necesario un nombre.
-Qué ojos más bonitos tienes -añadió la maestra, y tuve la intuición de que no mentía, que en ese instante mis ojos brillaban animados por toda esa belleza y, reflejando el milagro de mi nacimiento, lanzaba mil destellos.
Me puse a temblar y busqué en los suyos la complicidad que engendra toda alegría compartida.
En su mirada dulce y bondadosa sólo leí compasión.
Cuando por fin nacía al mundo, sólo inspiraba piedad.

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