4.13.2012

El retorno y los libros - Eduardo Álvarez Tuñon

No podría decir cuándo la vi por primera vez, detrás de qué ventana, bajo la luz de qué lámpara, en qué estación del año. Tampoco podría precisar cuándo conocí la sed, en qué tarde perdida comprendí lo que era la lluvia, en qué momento lejano me detuve, con asombro, ante el fuego. Nacer genera olvidos y espejismos. A través de los días, en el único escenario de mi niñez, estaba ella, mi tía Tita, tan diferente a los otros, con el pelo blanco, lejana y sola, más allá de todo, sentada en un sillón de caña. Me costaba comprender que la quietud fuera una forma de la dicha. Con el tiempo, supe que su oficio secreto era leer, que ese objeto sagrado, al cual dirigía su mirada, era un libro, uno de sus infinitos libros, que parecían iguales, porque ella los había forrado con un mismo papel, el que se usaba para los planos y los mapas, traslucido y opaco a la vez. Los otros seres, los que nunca participaron de sus ritos, la juzgaban obsesiva con su biblioteca, creían que exageraba los cuidados, no llegaban a entender. Pero cuando me transformé en su cómplice, comprendí que, en verdad, ella quería que las tapas se vieran siempre bajo una niebla parecida a la del sueño y el recuerdo.
Supe, también, que esas fotos que cubrían las paredes de su habitación eran todas de escritores. La frente atormentada de Baudelaire, el rostro final de Unamuno y el cansado perfil de Valery, convivían con la imagen luminosa de Camus, fumando, con un impermeable blanco y las solapas levantadas, en la terraza del “Café de Flore“. Todos ellos la miraban leer y yo les tenía miedo: Sentía que la envidiaban, desde donde estuvieran, el infierno o el cielo. Pero, lo comprendí luego, no le envidiaban el vivir, sino el pasar la tarde con un libro en las manos.

(...)me dijo, entonces, que fuéramos a leer juntos en su habitación. La cocina no era un lugar para los libros,  nunca tenían que estar cerca de la comida, podían mancharse o perder ese aroma de la tinta y del papel que, no en vano, se obtenía de los árboles y evocaba el perfume de los bosques.

2 comentarios:

  1. Hola, hace poco lei en un blog tuyo un fragmento del cuento "el retorno y los libros" de Eduardo Alvarez Tuñón y necesitaría el cuento completo si lo tenés, si me lo podés enviar como puedas.

    Muchas gracias

    neb_7777@hotmail.com

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  2. Chee, te pido lo mismo, me estubieron hablando un monton sobre el libro y no lo consigo en ningun lado...

    sebi.alterman@gmail.com

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