9.24.2013

Por la mañana, vinieron los colibríes y los pájaros. Retozaban entre mis ramas produciéndome cosquillas, alborotando el espesor de las nervaduras, despertando el deseo en mi cuerpo vegetal. Quién pudiera saber si el espíritu de Yarince habita al más rápido de ellos, al que vuela buscando polen con el piquito alzado.

(...) Pero vos me abrazabas en medio de aquellas descargas atronadoras. Me ponías las manos sobre los oídos, me acurrucabas en el espesor de los arbustos, me ibas calmando con el peso de tu cuerpo haciendo que olvidara la cercanía de la muerte al oír tan cerca la palpitación de la vida. Tu cuerpo protegía el mío hasta que el ruido de nuestros corazones era el estrépito más sonoro del monte.
-. Gioconda Belli

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