(...) Pero vos me abrazabas en medio de aquellas descargas atronadoras. Me ponías las manos sobre los oídos, me acurrucabas en el espesor de los arbustos, me ibas calmando con el peso de tu cuerpo haciendo que olvidara la cercanía de la muerte al oír tan cerca la palpitación de la vida. Tu cuerpo protegía el mío hasta que el ruido de nuestros corazones era el estrépito más sonoro del monte.
-. Gioconda Belli
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