El agua se mueve. Es lo unico que puede hacer, no se puede escapar de nuestros brazos, no se puede escapar del incansable movimiento del viento. Lo unico que escucho es su movimiento, su sensual escurrida. El agua se mueve. El agua contaminada se mueve y lo unico que escucho es su movimiento provocado por mis brazos y mis piernas. No descansa ni un solo instante, y mis oídos tampoco, sólo oyen la magia del agua, sólo oyen consecuencias. Toco una pared, estoy cerca del suelo, continúo moviéndome, sigo oyendo el agua. Me muevo, estoy en el centro de un mar en continuo movimiento, me acerco a otra pared luego de cortos 50 metros, intento acercar mi cabeza al ombligo, me impulso de pies contra esa pared y vuelvo a llegar a la otra punta, completando 1800 metros. Me tomo de la pared con una mano, menos de un segundo alzo la cabeza y por un instante el agua no se mueve, por un instante el agua no produce ningún sonido, toda la gente se queda quieta y mis oídos pueden apreciar un infinito silencio, un paraíso contemplado por 20 milisegundos para volver al siguiente instante a seguir el ritmo del agua, para que todo vuelva a cobrar vida y se continúe moviendo.
El guardavidas, el mismo del año pasado, con sus anteojos blancos de vidrio negro (enormes, vale aclarar) mira siempre atento a aquellos que cree susceptibles de ahogarse.
Una pelirroja lee su libro de filosofía, la perfecta novela, aquella que todos quisieran leer, aquella que atrapa cualquier cabeza. Se encuentra en los dos últimos capítulos, unos muy conmovedores. Lágrimas se le asoman en sus ojos y una sonrisa se atreve en sus labios. El ultimo capitulo ya no la hace querer llorar, pero si sigue con la sonrisa y con las lágrimas del capítulo anterior. Al terminar el libro se sonríe, levanta la vista aún con los ojos llorosos y ve que el guardavidas la mira con una expresión de "y a esta qué le pasó?". Más risa. Ahora sí su garganta se expresa. Lo ve todos los días en la pileta y ahora ya comparten un secreto, un secreto del que se cuentan todos los días con la mirada.
Respiro muy profundo, me empujo contra la pared de lo hondo, llego tocando el suelo con los pies, largo todo el aire, vacío mis pulmoes para que puedan descansar, para que puedan tomar aire de su trabajo. El cuerpo se vuelve más pesado, el cuerpo pesa y se queda en lo hondo. El cuerpo se resiste a la no- gravedad. El cuerpo se resiste a seguir luchando y subir. Una vez que no me preocupo de eso, puedo apreciar el paisaje. Todo se ve tan claro, la pintura celeste del suelo y las líneas blancas que marcan los carriles. A medida que mi vista se aleja, todo se vuelve más oscuro gradualmente y puedo apreciar. Sí, puedo apreciar el silencio del movimiento en la superficie, el movimiento que está tan lejos de mi, el movimiento que está a 3 metros de mis pies. Doblo mis rodillas y me impulso, alzo los brazos con las manos en forma de flecha y logro salir a la superficie con mayor fuerza, pareciéndo una sirena desesperada por un poco más de ruido, por un poco más de movimiento, harta de tanta quietud y soledad.
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