10.06.2012

Poetas profesionales

El hombre que se propone vivir del favor de las musas, esto es, de sus dotes poéticas, se parece de alguna manera a una muchacha que vive de sus encantos. Ambos profanan, a cambio de una vil ganancia, lo que debería ser un generoso don de lo más íntimo de su ser. Ambos sufren de agotamiento, y ambos acabarán casi siempre de manera vergonzosa. No hagas de tu musa una ramera.

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