Una paloma blanca pasea por la ventana, con ansias de que el viento se la lleve, como cuando era pequeña y volaba sin preocupaciones.
Zapatos se pasean por la habitación, cubiertos del brillo de su piel, pintando aromas, y hablando con un traje azul, que, quieto, roza esas palabras que los labios rojos dicen con acento de Irlanda que todo va a estar bien.
Mientras, en Bruselas, corren pies descalzos, en la alfombra azul del hotel en llamas que fueron prendidas por una piel brillante, de Irlanda, que dice que todo va a estar bien.
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